Buscar este blog

Mostrando entradas con la etiqueta godfrey devereux. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta godfrey devereux. Mostrar todas las entradas

sábado, 4 de agosto de 2012

Sobre los Niyamas

Como acreditan varias fuentes, los Niyamas se refieren a una profundización de las observancias éticas indicadas en los Yamas. Necesariamente si practicamos los Yamas surgirán los Niyamas desde un lugar más interno y sutil.


Obra de Rafael Giannotta -2007
Mientras los Yamas tienen la cualidad de actuar como estructura desde lo normativo, los Niyamas revelan el aspecto sutil de los Yamas. No existe norma ética que no esté arraigada en una experiencia más profunda, que le otorgue un sentido y que la vuelva infinitamente fecundante.

Sabemos que las normas que se obedecen ciegamente sin ninguna confrontación práctica real con nuestra propia experiencia, son yermas y hasta pueden provocar resultados contrarios a los pretendidos. En cambio si practicamos las normas sostenidas por una sincera autoobservación, se volverán reales para nosotros y las llenaremos de significados personales.

Yoga es todo sobre la experiencia, nunca puede ser una teoría. Yamas y Niyamas estarán permanentemente presentes en nuestra práctica de ásana, la nutrirán y le darán su verdadera dimensión.

Por eso los Niyamas desde un lugar más interno nos permiten afinar la práctica de los Yamas. Uno puede, de algún modo, "imponerse" trabajar con un Yama pero no puede hacerlo con un Niyama. Sauca (Integridad), Samtosa (Confianza), Tapas (Pasión), Svadhyaya (Autoestudio), Ishvarapranidhana (Espontaneidad) más bien -como explica Godfrey Devereux- son notadas por su ausencia y en el proceso de trabajo dejar de intervenir desde el observador y permitir que surjan. 

Muchas veces la parte activa que podemos tomar para la manifestación de los Niyamas, se trata simplemente de encontrar entornos más nutricios para el desarrollo de nuestra Esencia, en lugar de intentar modificar "ese" que no permite que surjan las cualidades de los Niyamas.

Si estamos en un entorno no contributivo con nuestra Esencia, se volverá muy dificultoso actuar con Sauca (Integridad) ya que para adaptarnos al entorno nos veremos forzados a sacar del juego características que pueden ser muy individuales. Sólo podemos ser íntegros en tanto y en cuanto podamos ser sensibles (Ahimsa). 

Lo mismo sucede con Samtosa (Confianza), si el entorno no es favorable estaremos siempre en guardia ante posibles "ataques" que censuren nuestra personalidad.  Sólo estando abiertos (Asteya) se expresará la confianza.

En el caso de Tapas (Pasión), ninguna pasión o motivación son posibles si nuestros objetivos personales no son sustentados por el entorno. Puede ser sumamente agotador remar en contra de la corriente. La Pasión necesita de la Generosidad (Aparigraha) con sus cualidades a la vez fluentes y limitadoras, necesarias para la concreción de cualquier proyecto. 

Svadhyaya (Autoestudio) diría que es la excepción a la regla, en un entorno desfavorable siempre y cuando uno practique Satya (Honestidad) seriamente. He sacado pepitas de oro de la autoobservación en circunstancias muy opuestas a mí, pero sin honestidad hubiera sido imposible. 

Por último, si de Ishvarapranidhana hablamos -como Espontaneidad para la expresión de uno mismo- diría que la misma idea de espontaneidad transluce ser uno mismo y eso necesariamente requiere un entorno sustentador. Si tomamos Ishvarapranidhana como que las circunstancias son la expresión de Dios que nos induce a aprender algo necesario para que nos expresemos con mayor libertad, cualquier entorno bien utilizado nos conducirá paulatinamente a una expresión más íntegra (Sauca) de nuestro ser. Estar Presentes (Brahmacharya) nos permitirá ser Espontáneos.

De este modo vemos cómo Yamas y Niyamas actuan de forma polar potenciándose unos a otros. Como funciona la vida, así funciona el Yoga. Encontraremos infinitas relaciones dentro del sistema, dependiendo dónde enfoquemos la atención. Todas, como los caminos, nos conducirán a Moksha (la liberación).


Silvina Giannotta- Copyright 2012-2015









domingo, 29 de enero de 2012

Acerca de Dhyana (Meditación)

Dhyani Mudra- Foto: MMD Fotografía
Estoy escribiendo y a mi izquierda tengo una preciosa estatuita dorada de Buda que me regaló mi papá. Lo tengo rodeado de una frondosidad en mi rincón de macetas. Es pequeño. Por eso, cariñosamente le llamo "budín", como lo hace mi amiga Lorena.
La imagen del Buda sentado es, sin dudas, sinónimo de Meditación. "Meditación" a muchos nos ha significado más una actividad, que la representación de un estado del ser.

Como suele ocurrir en Babel, estamos llenos de ideas erróneas respecto de los significados de las palabras que grafican cosas del espíritu. Esto sucede porque se habla de ellas aún sin haber experimentado a lo que se refieren. Lo que aún genera más confusión.
Mirar los Budas que tengo en diferentes lugares de la casa me da paz y me recuerda que ese estado de paz lo encuentro dentro mío.

Algunos maestros sugieren la meditación sentada como práctica, como una manera de llamar al Intento. Es decir, no hemos experimentado el estado meditativo pero sentándonos creamos las condiciones para hacerlo. Empezamos, por así decir, limpiando la casa.

Personalmente, hace muchos años, lo hice por más de tres meses todos los días al levantarme. A pesar de que no le encontraba el gusto, me otorgó cierto espacio mental. El hecho de concentrarme en contar las respiraciones completas era un modo de no irme detrás de cada pensamiento que pasaba por la cabeza, distraerme con algún sonido o molestarme con alguna mosca que se empeñaba en merodear sobre mi cuerpo. Esa sería la fase de la Meditación como actividad. 

La Meditación como estado del ser llega, en palabras de Godfrey Devereux como llega el sueño sin forzarlo. Mark Whitwell dice que es algo que surge, que florece desde tu interior. Creo que la Meditación, como cualquier otro proceso que requiera una maduración propia de conciencia, sucede espontáneamente, naturalmente y sin esfuerzo.  Como un escalón que se revela y no como un objetivo que se alcanza.
Y esto por qué es. Porque desde donde estamos, sin la experiencia, no podemos abarcarla. Sabemos, por otros que lo relatan, que existe algo que se llama estado de meditación y esa idea funciona como dirección, como faro hasta que tengamos la vivencia.

Por otro lado, cuando escuchamos o leemos determinadas experiencias contadas por quienes también las han tenido ellos se convierten en el espejo en que nos reconocemos. Cuando lo escuché a Mark Whitwell describir la Meditación, las imágenes que uso eran muy similares  a las que yo había utilizado para describir en mi cuaderno una experiencia que había tenido a principios del año.
Luego de una clase de Yoga, habitualmente terminamos en Padmasana. Suelo quedarme por un rato en ese asana porque después de la práctica me resulta natural y reconfortante un momento de recogimiento. Con el cuerpo estirado, las articulaciones lubricadas y los músculos relajados, es más placentero estar sentada y quieta. Es el momento en que para mí tiene sentido meditar.

Pero ese día, una hermosa tarde de verano, sentada en Padmasana estaba en equilibrio perfecto. Mi cuerpo y mi mente se encontraban en un punto, sin deseos contrapuestos, sólo estaban presentes. Permanecí así por un largo rato, con suma paz, sin deseos, sin sobresaltos emocionales. 

En el centro de estar-ser, se hacía evidente que el cuerpo es sólo la casa que habitamos para vivir las experiencias terrenales. No sabía cómo había sucedido, pero ahí estaba Yo como una flor de loto que crece por sobre el barro y resplandeciente. Así, en ese estado, podía quedarme por siempre. No molestaban ni el cuerpo, ni la mente. No había y, a la vez, había adentro y afuera: mi serena alegría, la brisa con olor a plantas, la música de mantras, los profes charlando a lo lejos. Todo era presente, todo era yo.

Como es natural, ese presente mutó. Finalmente, me levanté y me fui a cambiar al vestuario como es habitual. Pero ese día, experimenté, conocí y comprendí lo que significaba meditar. Se me hizo evidente que no era algo que podía buscar o provocar. Si no disfrutarlo como un regalo, como algo que sucede en el concierto de los ciclos. Bien dice el dicho que por mucho madrugar, no amanece más temprano.

Silvina Giannotta - Copyright 2011-2015

domingo, 4 de diciembre de 2011

Sobre los Yamas

Tanto se ha dicho y se dice de los Yamas. Personalmente, me ha servido de guía el abordaje que hace de ellos el profesor de yoga británico Godfrey Devereux. En su sitio web dice: "Yama no es un código moral arbitrario, no es otra tiranía ética: es la esencia del yoga, la vida y la conciencia." 

Esto significa que los Yamas no son otros Diez Mandamientos, es decir algo a lo cual debemos obedecer so pena del castigo de Yahvé. Más bien son guías que nos sirven de referencia para la autoobservación y el accionar en la vida cotidiana.

El ejercicio de la autoobservación, implica organizar el caos interno de nuestra mente. Ahora, uno puede utilizar diferentes puntos de referencia para alcanzar ese orden. No está de más decir que dada la naturaleza fluída de nuestra psicología, vivimos en un interminable proceso de caos y orden que se retroalimentan. En la cosmología india el caos es la energía multifacética de Shakti y el orden es la estructura de Shiva.

En medio de la permanente impermanencia, no todos los elementos gozan de la misma jerarquía en un momento dado. Digamos que cuando estamos trabajando, ciertos elementos de nuestra psicología se ponen en juego para relacionarnos con ese entorno, diferentes en calidad o profundidad a los que utilizamos cuando estamos en el mat, en nuestras relaciones de pareja, familiares o amistad. 

Debido a que fuimos educados con la noción de un tiempo lineal e independiente en lugar de un fenómeno circular e interdependiente, gozamos de escasa habilidad para lidiar con las mutaciones del tiempo. Tener una especie de mapa fijo en la cabeza, resulta muy útil a la hora de ganar conciencia de nosotros mismos. 

Los Yamas pueden ser ese mapa: Ahimsa (sensibilidad), Sathya (honestidad), Asteya (apertura), Brahmacharya (presencia), Aparigraha (generosidad). Utilizo la traducción de Godfrey Devereux porque la considero actualizada a la necesidad de nuestra época, donde la libertad y consciencia individual son más importantes que un código de conducta represivo y masificador. 

No importa que por las características de nuestro aparato intelectual, desechemos ad hoc, barajar varias respuestas posibles para un momento dado. Lo cierto es que si trabajamos con el Yama más relevante para la situación, podremos profundizar en ella, conocerla más y en consecuencia realizar cambios a partir de ese aspecto. 

Aunque sepamos, más o menos conscientemente, que vivimos en una gran sopa de causas y efectos en la cual nuestra influencia es ínfima, el objeto de utilizar los Yamas no es hacer nuestra vida más feliz en el sentido llano. Si no estar más en consonancia con lo que está sucediendo y así eliminar el sufrimiento ocasionado por nuestra acción inconsciente.

Estamos acostumbrados a actuar en relación a un resultado al que aspiramos con la cabeza, ignorando la parte de nuestro estado presente que no se ajusta a nuestros prejuicios. Eso hace que estemos fragmentados mental y energéticamente. Provocando una relación cacofónica entre nosotros y las situaciones.

Usando los Yamas como Fuerza Neutralizante entre el objetivo mental y nuestro estado presente, tenemos el punto de apoyo para lograr un nuevo resultado y salir de la cacofonía que nos encuentra en una insatisfacción recurrente. Aumentamos la fluidez con el stop que ocasionan los Yamas y esa receptividad hace que nuestras acciones se vuelvan más íntegras. 

Para una cultura basada en la acumulación y el esfuerzo, hablar de economía energética y fluidez con el entorno puede resultar un contrasentido. Pero no, se trata nada menos que de utilizar el factor femenino que contrapone y equilibra un estilo de acción unilateral y egocéntrica que hemos sostenido por milenios. 


Silvina Giannotta- Copyright 2011-2015

sábado, 5 de noviembre de 2011

Alineando cuerpo y mente

-¡Estás toda torcida! La respuesta descarnada de A. a mi consulta de alineación fue una cachetada emocional. Mi naturaleza inquisitiva me estaba exponiendo a revivir malos recuerdos de mis profesoras de danza de la infancia, que sólo querían alumnas naturalmente talentosas.

¿Quién me mandó a preguntar? pensaba mientras me saltaban las lágrimas. Me encontraba en una situación inverosímil, un médico me acusaba por estar enferma. Fue mi primer escollo en la práctica de Yoga, uno que hubiera preferido evitar, pero que ayudó a que perdiera la inocencia o mejor dicho la inconciencia.

Hacía pocos meses que había comenzado a practicar y en busca de un ejercicio un poco más tonificador, abandoné la clase de principiantes y comencé una de Iyengar. Me interesaba porque sentía que su enfoque racional satisfaría mis necesidades de acercarme al aspecto técnico de la práctica del Yoga. Venía de unos años muy dedicados al estudio y al refinamiento de mi Centro Intelectual y sentía una natural atracción hacia aquello que involucrara la lógica incluso en lo corporal.

Superado el entredicho con mi profesora, que notó mi gran turbación y mis ganas de aprender, continué asistiendo a su clase. Fue muy sano, alisar esa arista y permanecer abierta a lo que A. pudiera enseñarme. Veía en ella un gran valor, que demostró con su actitud humana. Hoy día me hace muy feliz recordar la dedicación y la bondad que tuvo para conmigo en los meses que me estuvo dando clases. Las dos trabajamos en la relación profesor-alumno poniendo en práctica lo que enseña el Yoga: sensibilidad, honestidad, apertura, presencia y generosidad (Yamas según Godfrey Devereux).

Luego de haber tomado clases con aproximadamente 10 profesores más, descubrí que un estilo Iyengar bastante puro no era adecuado para mí por el uso que hace de la atención. La obsesión por la alineación estructural que caracteriza a este estilo, hacía que mi mente se tense y mi atención se cierre. Me conectaba a una observación secuencial de mi cuerpo y sus relaciones. Cuantas más indicaciones intelectuales recibía, más se entorpecía mi sensibilidad hacia el cuerpo.

A pesar de tener un conocimiento bastante práctico de la anatomía, sentía que tenía que forzar percibir partes que habían perdido la conexión neuromuscular agregando una preocupación más a la mente ¿cómo demonios se debería sentir el psoas o el subumbilical? ¿o cómo subir la rótula con los cuádriceps en contracción y además no hiperextender? 

Puede ser que quienes no hacen uso de la atención cerrada la mayor parte del día, sientan un estímulo en una práctica como Iyengar en la que se presta atención al detalle. Para mí, es más de lo mismo a una hora del día que preciso expandir la percepción.

Sin embargo esa expansión, carente del caos intermitente cotidiano, se parece a una relajación mental. Cuando a través del cuerpo voy entrando en ese estado, la fluidez del movimiento es mayor. Si bien hay una observación que hacemos con la mente, mientras ésta no intente intervenir en el proceso todo sucederá integrado y natural. Hay un abandono a querer controlar la situación, pero a la vez podemos mantener una gran sobriedad y agudeza. Cuando podemos integrar estos opuestos, estamos listos para recibir las sugerencias del profesor.

En ese estado de apertura, una pequeña indicación en forma física hecha por un profesor sensible puede llenarse de significado. No un significado intelectual, si no uno que reactiva en nuestro cuerpo las conexiones neuromusculares y logra que se produzca el cambio. Sin saber cómo ocurre, el cambio ocurre. Sin mediar nuestra mente, el cuerpo comprende cómo ser más efectivo. Sin mirarse al espejo, el cuerpo adapta la forma correcta.

Luego, puede haber explicaciones intelectuales. No sólo externas, de parte de profesores, si no también internas. De hecho, lo que estoy escribiendo es consecuencia de mi indagación y de mi impulso a reflexionar sobre lo que experimento. Ésto, va nutriendo mi camino.

Con los años veo estas situaciones como parte de un proceso muy amplio, somos un work-in-progress y como tal nos estamos descubriendo todo el tiempo. En busca de sentido, practicando -como dice Mark Whitwell- nuestro propio Yoga.


Silvina Giannotta- Copyright 2011-2015